La Pinilla, Segovia

Buenas amigos perrunos! En esta entrada os vamos a enseñar nuestra pequeña excursión a la , que teníamos muchas ganas de que la conociera Napalm (Kiwi ha vivido más inviernos y ha tenido más ocasiones). Estas pequeñas excursiones de ir y venir lo cierto es que no decepcionan nunca, y hacen que los perretes se lo pasen en grande.

Valoración del Viaje
Estación winter Precio Total NA
Alojamiento NA Rutas 4_5
Comida  No disponible Experiencias No disponible

¿Qué visitamos?
La Pinilla
Valoración: 4_5 Zonas Comunes:       

Esta aventura la hicimos en la Pinilla, una pequeña pista de sky que está en la frontera entre Guadalajara y Segovia. Buscamos un lugar sencillo, sin mucha gente y donde hubiera abundante para pasar una mañana con nuestras compañeras perrunas. Lo cierto es que gente había, no estaba tan sobrepoblado como puede estar Navacerrada en la misma época, pero si había mucha gente con trineos y niños pequeños. Las pistas y los pequeños claros con nieve estaba plagado de familias y niños, y no nos pareció el sitio más adecuado para soltar a las perras y despreocuparnos. Asique, optamos por el plan B, y caminamos bosque adentro y fue un acierto. La gente va buscando claros y sol (por los trineos), y el bosque ofrecía árboles y sombra por lo que no había absolutamente nadie (y tampoco nos alejamos mucho, apenas 200 – 500 metros). Así encontramos un lugar apartado y fresco (en el sol hacía calor, aunque no lo creáis), donde tanto Kiwi como Napalm pudieron campar a sus aires, sin malas miradas y sin preocuparnos por importunar a nadie.

El sendero hacia el bosque no tiene perdida, una vez allí, solo hay que adentrarse un poco adentro y pasear entre los árboles. Aquí os dejamos la ubicación:

Y aquí os dejamos unas fotos, de nuestra mini-aventura:

Conclusiones

¿Qué nos ha gustado?

A nuestros perretes le ha encantado conocer la nieve, correr detrás de las bolas, jugar a hacer hoyos…. A ellas también les hace ilusión disfrutar de un día así y se ve en sus carillas

¿Qué no nos ha gustado?

La gente. Al final parece que el monte es de los humanos y que no hay lugar para nadie más… todos los claros y sitios soleados estaban ocupados y acercarse con dos perros grandes a sus hijos y “sus zonas” es prácticamente una osadía. Irónicamente, nosotros respetamos la parte del monte que visitamos, y ellos a pesar de que reclaman el monte como suyo, lo dejan hecho una soberana porquería. Menos asco por los perros y más conciencia ecológica.

 
Categorías: España

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